martes, 26 de junio de 2012

Otra vez la RAE

Yo no sé qué pasa en esta sacrosanta institución con lema de limpiador de vajilla. A lo deshecho en su última edición, se vienen ahora algunos cambios y añadiduras que poco tienen de útil, a saber:
Añadir el término "camp" (y pone como ejemplo "peinado camp", lo cual francamente no sé que rayos significa). Por lo visto, la Academia no tiene reparos en abjurar de sus propias recomendaciones, una de las cuales dice que es preferible castellanizar siempre que sea posible.
Agregar términos relacionados con partidos políticos: "cenetista" se define como "Perteneciente o relativo al sindicato español CNT" y asimismo figuran otros gentilicios ("ugetista", etc.) claramente sesgados a favor de España únicamente.
Añadir el término "culamen". Esto le va a encantar a Marco Aurelio Denegri, quien tanto habla de tetamenta, tetamen y demás cosas afines. Ahora tendrá a su disposición otra forma de llamarle al culo o a las nalgas, como indica la RAE. ¿Servirá eso para deshacerse del galicismo "derriere"?
Agregar el término "dontancredismo". ¿Qué es eso? Dice que viene de Don Tancredo, un personaje del toreo cómico, y denota "actitud imperturbable". No jodan, pues, viejtos. Esto sí me parece, francamente, una idiotez.
Asimismo, proponen mantener la k en "sudoku" y "okupa" (cuando se refiere al movimiento ídem), añadir el término localista "isidril" para hablar de las fiestas patronales de San Isidro, recomendar el término "extradir" en lugar de "extraditar" ("El mafioso detenido ayer ha sido extradido inmediatamente a su país"), trabarnos la lengua con "euscaldunización" (o "eskauldunización") y complicarnos la vida con "intensional" con s, cuando se refiera a "intensión" (intensidad).
Pero, qué vamos a hacer, al fin y al cabo, se dirá que son palabras que casi nunca vamos a utilizar, como si eso fuera una excusa ("si no te gusta, cambia de canal"). Y en cuanto a los miembros de la Academia... bueno, en algo se tienen que okupar, perdón, ocupar.

jueves, 21 de junio de 2012

Mozos de estoque

En días recientes, Mario Vargas Llosa invocó, en forma solapada, a la "poderosísima Real Sociedad Protectora de Animales del Reino Unido" para que se encarguen de deshacer la obra del británico Damien Hirst, puesto en ella se han sacrificado mariposas y (léanlo bien) moscas para su exhibición titulada Enlightment, aparte de haber colocado una cabeza de vaca para otra exposición llamada Mil Años 1990. Lo que deja dudas sobre el valor de su artículo es si las palabras de un rabioso pro taurino deberían ser escuchadas cuando se trata de hablar de los derechos de los animales.
Como se sabe, en marzo de este año un grupo de representantes de cepa burguesa light en vías de extinción, firmó un execrable manifiesto pro taurino propuesto por nuestro Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, con una muestra tal de sumisión que haría palidecer la firma del acta de sujeción que los generales del ejército hicieron ante Montesinos. Y digo execrable por lo que significa, aunque debería añadir estúpido, por los seudo argumentos de los que se vale para justificar la existencia de un espectáculo morboso al que, religiosamente, acuden las mismas caras a verse unas a otras y conversar de las mismas cosas que se gastan en el Delicass o en la exhibición de pintura y escultura indigeribles de la primita tal, heredera del apellido cual.
Debo aclarar, como ya lo expresé en un post anterior, que estoy en contra de las corridas por distintas a las de los anititaurinos modernos, cosas ya explicadas allí. Lo que quiero señalar aquí son cosas referidas al manifiesto, cuya única característica positiva es que su relevancia y fuente de discusión en medios nacionales e internacionales duró... 48 horas. Dice Vargas Llosa:
"Los espectáculos taurinos son una tradición profundamente arraigada en el Perú criollo, mestizo y andino", y por supuesto, se prende de las fiestas patronales para clavarles la espalda a los detractores. Mire, señor. Una "tradición" no es algo que usted y su grupo de narices respingadas pretendan definir acomodándose a su particular mundito de terciopelo, que es el único que conocen muchos de los firmantes. Mire usted, dónde está ubicada la Plaza de Acho y miren, señores firmantes, dónde viven ustedes (la gran mayoría, por supuesto). Díganme ahora con qué cara se atreve a decir que el espectáculo está "profundamente arraigado" en el Perú mestizo, cuando a toda esa gran masa del Rímac, San Juan de Lurigancho, San Martín de Porres, y el Cercado le llega altamente al péndulo el inicio de la feria de Octubre. Son solamente ustedes, señores firmantes, a los que se les hace agua la boca ante la proximidad del primer banderillazo.
Otra cosa verdaderamente lamentable es que los señores firmantes parecen no tener la más miserable idea sobre la historia de las corridas de toros en el Perú. El propio Vargas Llosa lo demuestra, al decir: "Las corridas de toros son un espectáculo de masas que no generan manifestaciones violentas, ni actos vandálicos, agresivos o de fuerza dentro o fuera de las plazas de toros". En cuanto eso, debería agradecer a los ingleses la invención del fútbol, puesto que ello se llevó toda la carroña a sus molinos. Pero si Vargas Llosa defiende su posición apelando a supuestas "tradiciones", debería empezar por investigar primero lo que nos quiere endilgar. Leamos entonces al cronista Manuel Atanasio Fuentes, en su "Estadística General de Lima", publicada en 1858.

"La necesidad de ir á toros era tan fuerte en los habitantes de la capital, que una persona se hubiera creido desgraciada si á costa de un sacrificio ó de un crimen no pudiera procurarse el placer de ver morir á un toro á manos de un hombre o á un hombre en las astas de un toro. (...) La muger de vida alegre mandaba á un usurero uno de sus vestidos ó su cama; y el populacho, ménos escrupuloso, pero no ménos apasionado al espectáculo, se entregaba al hurto y al robo, con desenfreno, en los días próximos a una corrida. Antes, como ahora, en el interior del edificio se vendian comestibles y licores, y esto ocasionaba regularmente el mayor gasto. La plebe no goza sin aguardiente; se embriagaba siempre o casi siempre, y de allí las riñas, las heridas y las muertes. "

Esto no lo dice un grupo de antitaurinos, de esos que se tiran al suelo semidesnudos con una banderilla amarrada al cuello, como ocurrió una vez en Zaragoza el 2008. Esto lo escribió un renombrado cronista a mediados del siglo XIX. Ahí está, pues, la "tradición" que quiere el señor Vargas Llosa hacer prevalecer sobre la mente de los que no comulgan con la insanía de su círculo.
Finalmente, el Premio Nobel considera a "la cultura taurina": "poseedora de un hondo contenido simbólico y artístico, que es formativa y que busca la sensibilidad profunda del espectador". Lo único que le pediría a este señor, o a cualquiera de los firmantes, es que alguno de ellos describa con propiedad, por ejemplo, el contenido artístico de la cornada en el ojo que le destrozó los sesos al torero Manuel Granero y Valls en 1922, y pongo este único ejemplo porque ya me extendí sobre eso en el post mencionado arriba.
Lo único que añadiré aquí es que me resulta francamente nauseabundo que el presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Diego García Sayán, haya firmado un manifiesto que apaña un espectáculo a todas luces inhumano. Pero, qué se puede esperar de un grupo que actúa como el colectivo de los Borg en la serie de Star Trek. Porque, sean escritores, juristas, cineastas, artistas plásticos, periodistas o lo que sea, en el fondo son todos igualitos: "Resistance is futile".

domingo, 3 de junio de 2012

¿Y qué esperaban?

Pobrecitos los que apostaron su plata por Perú en el Ganagol, y pobrecitos también los gandules que pagaron hasta 400 dólares por una reventa, para asistir al espectáculo brindado por medio equipo de fútbol con el cual ni el Pep Guardiola hubiera podido sacar siquiera un empate. Pero qué iban a hacer estos sufridos hinchas, estos alienados que al llegar las eliminatorias pierden el 75% de dignidad por los poros, sino ponerse la blanquirroja con los nombres de jugadores con piernas de marshmellow que ni siquiera iban a estar presentes, qué podían hacer si durante toda la semana anterior, gente como el inefable narrador y comentarista Daniel Peredo, con su sonrisa de botox y su incondicional apoyo a su puesto de trabajo, habló de las "grandezas" del fútbol peruano como si fueran las hazañas de Marco Polo, con sus dientes de azafata jubilada y su plana de segundones que fueron los primeros en salir a lamentarse, cuando horas antes habían dado entender que llegarían a arrancarse la vesícula si no ganábamos.
Ojalá hubiera alguna manera de hacerle entender a toda esa masa de hinchas afiebrados y enceguecidos que, para jugar un torneo de la naturaleza de estas eliminatorias sudamericanas, con justa razón calificado como el más competitivo del planeta, se necesita contar con una plana de gente bien preparada físicamente, con un trabajo que les asegure llegar en óptimas condiciones a disputar un encuentro. Por eso resulta risible que, luego del encuentro, uno de esos microfoneros de razonamiento parapléjico que hacen de reporteros deportivos, afirmó que el resultado era mucho premio para lo que había hecho Colombia. Es decir, que para este hámster del periodismo, en lugar de premiar a un equipo cuyo comando técnico hizo un trabajo previo responsable, procurando cuidar a sus jugadores, lo justo hubiera sido premiar a un equipo cuyo comando técnico se vio obligado a recurrir a suplentes en su mayoría carentes de técnica, físico, precisión y recursos, que tuvieron que estar ahí porque los titulares estaban golpeados, adoloridos, shockeados, rasguñados por un gato, demasiado bronceados, o más preocupados por sus caballos o su peinado que jugarse todo por su país.
Por otro lado, nunca deberían dejar que una empresa de televisión auspicie estos eventos, porque luego resulta una payasada sin gracia, que tras el desastre sigan pasando la propaganda de Movistar Hd afirmando que la selección nos iba a hacer gritar pero de alegría o el comercialito de Markarián, ideado por algún afectado por el espectro de alcoholismo fetal (como buena propaganda de cerveza Cristal), convocando al verdulero, al panadero, a la costurera o al repartidor de agua en los cerros para que se pongan la blanquirroja. Y peor aún, si se trata de una empresa como Movistar que mantiene en su lista de canales al canal 37, que desde el 16 de noviembre pasado no hizo sino pasar una tanda de dos minutos y medio sobre el fútbol peruano, día y noche, las 24 horas del día, como si con ello quisieran establecer un récord, aunque sirve como referente para medir el grado de estupidez que rige a los actuales administradores de la teledifusión peruana.
Si Markarián quisiera hacer lo correcto, tendría que irse por las buenas luego del partido con Uruguay (su patria natal), para dejar que algún profesional del fracaso (en el ciclo anterior tuvimos al Chemo del Solar, quien con la U ha mostrado esta temporada que sus atributos como rey de la baja siguen vigentes) tome la posta y luche con Bolivia por no ocupar el último lugar de la tabla, que es a lo único que se puede aspirar. Pero eso ya es asunto suyo. El asunto nuestro debería ser: tratar de ocupar la mente en otras cosas, tratar de no caer en el comportamiento esquizoide de los que siempre terminan jugando a las matemáticas faltando seis fechas, y sobre todo, tratar de no sentirse tentados a comprar una popular cuando llegue el partido con Venezuela en Lima y guardar esa platita para algo más productivo.
Pero, qué mas da, algunas personas nunca entienden.