viernes, 1 de marzo de 2013

La vida como cortina de humo

Últimamente se ha vuelto una costumbre generalizada llamarle "cortina de humo" a cualquier cosa que pasa en un país donde pasa de todo. ¿El político fulano fue descubierto en plena coima por un chuponeador? Cortina de humo. ¿Viene el cantante de pop a albortar las hormonas femeninas en Lima? Cortina de humo. ¿Leysi Suárez apareció desnuda sobre la bandera nacional? Cortina de humo.
"Cortina de humo" es, por supuesto, un acontecimiento armado ex profeso para desviar la atención que la gente puede dar hacia algún hecho punible que es responsabilidad de la administración estatal. De ese modo, en cada uno de estos aparatos de distracción, necesariamente tiene que estar implicada una agencia gubernamental, o un medio de comunicación afín al gobierno de turno. Recordemos a las famosas "vírgenes que lloran" del fujimorismo, geniales creaciones del Dr. Sigisfredo Luza, cuyo "armado" fue descrito por varios autores, entre ellos Sally Bowen en su libro "El expediente Fujimori". La casa donde se había producido el "milagro" era, como sabemos ahora, de la madre de un agente del SIN. Los canales y diariosque difundieron el acontecimiento estaban, por supuesto, comprados con los cerros de billetes que aparecen en los "vladivideos", organizadores de la marejada de programas basura que todos conocimos. Pero ahora resulta que el médico de cabecera de Fujimori dijo, el mes pasado, respecto a las demoras en el indulto del ex mandatario, que el propio Fujimori era utilizado como "cortina de humo". Una "distracción" para ocultar cosas que ni siquiera define. Bueno, si vamos a hablar de distraciones, le mencionaré una, doctor: ¿No se acuerda cuando su paciente estaba sano y encabezó esa "persecución" tipo Bat Masterson a Montesinos, sabiendo perfectamente que ya no estaba en el país? Piense en esas cosas, antes de hablar de "distracciones".
Por supuesto, todavía se producen estas cortinas, como en todo régimen: ahí tenemos el caso de los "Pishtacos" de cierto ex Ministro del Interior, ahora defenestrado. Pero, ante la presencia de cualquier caso criminal, en un país con una delincuencia desbocada, con un comandante general de la policía que es un mentiroso, venir a decir que cualquier suceso luctuoso es un psicosocial, es una estupidez rayana en la complicidad. Cuando se escapó un criminal como Gringasho, de un centro de reclusión que ha sido una coladera durante 68 años, se dijo que era una cortina de humo. Y sin respeto por las tragedias ajenas, cuando un ex policía mató a su familia y se suicidó, se dijo lo mismo.
Por supuesto, cuando está implicado un político, el partido al que corresponde tiene que actuar igual. Así, los congresistas de Perú Posible hablaron de cortina de humo cuando se quiso reabrir el caso de las firmas falsas, y ahora las bancadas de PP y el Apra hablan de lo mismo respecto a las residencias de Alejandro Toledo y Alan García. Asimismo, las denuncias contra los gobernadores regionales se califican igual. En resumen, cuando les descubren algo, toda esta gente se dedica a hablar como si viviéramos en un país donde los políticos jamás han robado, jamás han mentido y todos merecen el Premio Nobel de la Honestidad.
Entre otros ejemplos del grado al que se llega en el Perú respecto a este tema, el congresista Ronald Gamarra salíó una vez con que el "indulto y captura" de José Enrique Crousillat eran jugadas políticas del segundo gobierno de Alan García. Y varios congresistas fueron de la misma opinión. Asimismo, Victor García Belaunde dijo una vez que el proyecto de ley para reinstaurar la pena de muerte en casos de violación y asesinato de niños era "un psicosocial muy inteligente". Y para hablar de los periodistas, otro personaje que imaginó unicornios en el baño fue César Hildebrandt, quien dijo, respecto al decreto que salva a los clubes Universitario y Alianza, que "lo del fútbol es una cortina de humo para tapar lo de Antauro Humala". Aunque, por supuesto, es difícil calificar algunas cosas que Hildebrandt suele decir.
En fin, yo creo que todo ese sector de la sociedad que no sabe más que esgrimir el mismo argumento (si se le puede llamar argumento) ante cualquier circunstancia, lo hace porque su propia vida está de llena de humo. Lamentablemente, los índices de comprensión de lectura y el nivel de vida poblacional, entre otras materias, parecen confirmar esta última idea.

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