jueves, 10 de mayo de 2012

"Bitácoras" (3)

Ya pasaron dos años... y tan rápido. Como en los anteriores meses de mayo, aquí los dejo con otro sketch de las llamadas "Bitácoras" que escribí hace algún tiempo. Es el número cuatro; el número 3 se quedará, por ahora, en el escritorio.
Relato reconstruido en base a textos impresos, cosidos con hilo, hallados en una playa cerca a la actual Wenzhou, durante el verano de 1871, escritos al parecer entre 1421 y 1424. El autor ha sido identificado como Hsian-Yuan, hombre de confianza del navegante Zheng He (c. 1371- 1433).

“En el año quinto del emperador Yong Le, mi señor Zheng He reunió 27,000 hombres y, a bordo de 48 naves de 2,000 liao y otras 14 de 1,500 liao para abasto, más numerosas pequeñas naves de compañía, zarpó por segunda vez, desde Nanjing, rumbo a las islas del sur. Luego de su misión, mi señor Zheng He debía desembarcar en las costas del reino de Pa-outchow (1), que estaba bajo el mandato del rebelde rey Alagonakkara, para recoger provisiones para el viaje de regreso. Pero el rey se negó a recibirnos, desconociendo la autoridad del emperador Yong Le, más aún, nos atacó con su flota. Esto enfureció a mi señor Zheng He, quien me comisionó para enviarle un mensaje al rey Alagonakkara.
Mi señor Zheng He me embarcó en una nave de compañía, junto con dos de sus magos, para convencer al rey de aquellas islas del sur de que los poderes divinos del emperador llegaban hasta los confines más remotos del mundo, por lo cual debía someterse a su mandato. Tuvimos que hacer el largo camino de agua desde la nave del tesoro hasta la costa, pasando delante de los barcos enemigos, cuyos tripulantes no cesaban de lanzarnos amenazas y burlas, tirándonos la basura que aún no habían desechado, todo lo cual supimos soportar con estoicismo por lealtad a nuestro gran señor navegante. No fue mejor la situación en la costa, porque nos hicieron atravesar una barrera de perros ladradores y niños armados con guijarros, hasta que llegamos a los confines de palacio, donde no había lugar para semejantes manifestaciones, por el miedo que los habitantes de las islas del sur sentían por su cruel rey Alagonakkara.
Fuimos recibidos por el rey en un salón tapizado con sedas rojas. Los muebles eran de manufactura exquisita, enjoyados en sus respaldares, a tal punto que el trono se veía casi humilde en comparación con su magnificencia. El rey se hallaba allí, comiendo frutas de las lejanas tierras del trópico; llegamos a él y nos inclinamos en señal de respeto. Entonces, los magos que me acompañaban se colocaron delante del rey haciendo juegos de manos, luego de los cuales hicieron aparecer ante su vista un enorme ídolo negro en posición de fertilidad. Los que allí se encontraban mostraron expresiones de asombro. A continuación tomé la palabra y dije: "Conocido es, poderoso rey Alagonakkara, que, entre tus múltiples virtudes, una de ellas es saber gozar a plenitud de los placeres del melocotón mordido, por lo cual mi señor el emperador Yong Le te ofrece este símbolo que te acompañará en tu lecho, con el cual aumentarás la gracia de los favores que te han de proveer tus favoritos".
Sin decir palabra, Alagonakkara introdujo una mano en la fuente de las frutas, tomó un enorme plátano de las Guineas y dijo: “Conocido es también, emisario, que tu señor Zheng He es eunuco, por lo cual le ofrezco este hermoso regalo para que tenga presente lo que nunca podrá usar, el cual le acompañará no solo en su lecho vacío sino en sus comidas, por lo cual le llevarás también estas dos mujeres que aquí ves, junto con la fruta, para que le hagan una buena sopa”.
A continuación, ordenó ahorcar a los magos y me despachó de regreso al barco. Cuando mi señor Zheng He recibió el mensaje, montó en cólera, mandó cortarles la cabeza a las cocineras y arrasó con la flota del rey Alagonnakara.” (Textos signados con los códigos C-533 y C-535, conservados en el Centro de Investigaciones Marinas de Zheng Xuan. Traducción directa del chino a cargo del licenciado Sérvulo Villarán, Instituto Confucio de la Universidad Autónoma de Nuevo León.)
(1) “Isla de gemas”. Es así como se le conocía en la China de la época a la isla de Ceilán, actual Sri Lanka (N. del A.)
De "Boulevard de Pequeños Incendios" (2009-2010). Reg. Indecopi 00083-2010.