viernes, 5 de agosto de 2011

Sin pena ni gloria

Más fría que la anterior, no por el clima sino por la oferta, terminó el 2 de agosto la Feria del Libro FIL-2011, de la cual se podría rescatar muy poco, Hubo varias cancelaciones, entre ellas la presentación de los libros ecuatorianos el día 27, pero la más sonada fue la cancelación de la presentación del poemario "Caronte" del chileno Eduardo Leyton (lunes 25), por motivos que han ido circulando a través de varios sitios de internet.
Luego de pagar los injustificables tres soles de entrada, me encontré de inmediato, como el año pasado, con una distribución geográfica de stands que casi hace necesario un GPS para hallar el stand que se quiere. En esta ocasión, no encontré a mi vendedor de revistas viejas, no había stand de Azul Editores, Petroperú no dio la cara, INDECOPI brilló por su ausencia, la Católica se alucinó omnipresente colocando un stand aquí, otro allá y otro más allá, y el espacio que había sido desperciado el año anterior con la exhibición de fotografías del Ajá se lo dieron a cierto periódico pútrido, dirigido por Aldo Mariátegui, que ya todos conocemos.
Hablaré solamente del ultimo día, en el cual me concentré en la programación de actividades. Luego de pasar por alto la presentación de cierto libro que iba a ser comentado por la Caravedo, la Borlini, Maritere y otros personajes de los medios de comunicación, asistí a la sala Arguedas para ver a Jorge Edwards y escucharlo disertar sobre su último libro, "La muerte de Montagne". Edwards se sentó en la misma silla que el día 20 había sido ocupada por esa aberración genética llamada Luis Corbacho, elevado por la CPL a la categoría de main event, para delicia de las cuatro docenas de fronterizos que lloraron de alegría a su llegada y se despeinaron por un autógrafo. Pero volviendo a Edwards, estuvo sobrio, no excesivamente brillante pero sí lo suficientemente diversificador como para hacer olvidar el frío que me esperaba cuando saliera de allí hacia Salaverry. En la sala estuvo presente la alcaldesa Villarán, a quien vi conversando de no sé qué diablos con Alfredo Barnechea.
Al término, abandoné inmediatamente el lugar porque sabía de antemano que la presentación de libros de Copé había sido cancelada, pero me detuve un momento a ver el panel con la actividades transcurridas hasta la fecha en esa sala. "Historia del té" de Luciano Delphino, "Cómo Aman Ellos" de Rosa María Cifuentes, "El Club del Ceviche" de Karlo Alvarez, "Alanadas" de Pedro Salinas... Si quisiera saber de eso, no necesitaría una feria del libro, solo sintonizar el canal Plus TV. Fui entonces a la sala Blanca Varela, donde Reynoso y Gonzales Vigil anunciaban a la ganadora del III Premio de Novela de la CPL, Irma del Águila. Me quedé a escuchar a Oswaldo Reynoso, porque siempre tiene algo interesante que decir. La novela en cuestión saldrá a la venta recién en octubre, pero no la esperaré, porque no creo que una autora con una prosa tan estática como Irma del Águila pueda haber escrito algo que me pudiera interesar.
Y terminé la noche con la última compra en la Feria. Tenía que decidir entre Cortázar y sus "Papeles Inesperados" (con lo cual demostró que muerto seguía escribiendo mejor que muchos vivos) y "Sueños Bárbaros" de Rodrigo Núñez. Al final, me decidí por el maestro. Estaba en deuda con esa compra. Núñez será para otra ocasión. Abandono este post con la infaltable secuencia de video que cualquiera que posea una cámara no puede dejar de hacer.

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