jueves, 3 de noviembre de 2016

Por favor... no nos vuelvan a llamar tercermundistas...

Hay un país donde el candidato del oficialismo viaja en el avión presidencial, donde casi el 90% de la mal llamada prensa independiente hace campaña por el partido de gobierno, donde una cadena de televisión le pasa las preguntas de los debates al candidato oficialista contra el pre-candidato de su mismo partido, donde el Presidente despotrica del candidato opositor, donde la primera dama hace campaña en contra del candidato opositor, donde el candidato del oficialismo es investigado por corrupción y por usar servidores privados para manejar información secreta, y un larguísmo etcétera. Pero no es un país del llamado tercer mundo. El país es los Estados Unidos de América y el candidato, en este caso la candidata, es Hillary Clinton, esposa de un ex presidente.
Pero nada tiene que ver el hecho de que sea de tal o cual partido. Según el documental "Fahrenheit 911", en la elección de George W. Bush el año 2000 todas las proyecciones dieron como ganador al candidato Al Gore (del partido de Clinton), pero el gobernador del estado de Florida era el hermano del candidato Bush y la torta se volteó cuando ya estaba anunciado Gore como presidente, y a pesar de que se hizo un recuento donde ganaba Gore, la Corte Suprema dio como ganador a Bush. Lo que importa aquí no es el candidato o la candidata. Lo que importa es que, si algo similar estuviera ocurriendo en el Perú, hace mucho rato los observadores internacionales nos habrían descalificado, la OEA ya estaría convocando a una reunión de emergencia y los propios Estados Unidos estarían mostrando su "honda preocupación" por los "graves acontecimientos" ocurridos. Pero nadie cuestiona nada de lo que está pasando allá, porque los observadores del Departamento de Justicia, como sabemos, están coludidos con el oficialismo y los observadores invitados de la Unión Europea han ido, simplemente, a comer bocaditos. En la práctica, ese país no acepta que alguien les diga lo que está bien o mal, por eso jamás firmaron el Tratado de San José o cualquier otro que imponga justicia supranacional.
Así que la próxima que los Estados Unidos nos salgan con su paternalismo podrido, su gendarmería billonaria y su dictadura a control remoto, habrá que responderles de la misma forma que lo hizo el presidente filipino Duterte. Porque, en estos momentos, nada puede ser más tercermundista que las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de América.

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