viernes, 6 de mayo de 2011

"Bitácoras" (2)

En fecha similar del año anterior publiqué uno de cuatro "sketches" referidos a una visión muy heterodoxa de la muerte (por lo general tomo más en serio estos temas), que agrupé bajo el nombre de "Bitácoras". En vista de este aniversario, aquí publico el segundo de dichos sketches, que no tienen título y ahora forman parte de una colección registrada bajo el nombre de "Boulevard de pequeños incendios" (2010).

Fragmentos del tercer cuaderno del Ocean Journals by Jan de Groot, traveler of the Polynesian Islands (sin fecha, probablemente hacia 1937 o 1938). El original desapareció de la destruida Biblioteca de Asuntos Tradicionales de Burma durante la ocupación japonesa, excepto por el presente texto, rescatado por el capitán de crucero John A. Whitman, de la Marina de los Estados Unidos, en mal estado de conservación.

“En un islote del archipiélago de las Kermadec se juega un deporte muy curioso. Una pelota de sal muy sólida se coloca sobre una catapulta y un equipo trata de lanzarla tan lejos como sea posible. La pelota es dirigida hacia la aldea donde viven los familiares del equipo contrario. Quien mate más familiares de los adversarios gana.
Cuando nos invitaron a jugar, lo hicimos sabiendo que no teníamos nada que perder, porque ningún pariente nuestro vivía en esas islas… (siguientes dos líneas ilegibles) … de modo que catapultamos la pelota de sal y esta cayó sobre unas chozas lejanas, que pudimos ver deshaciéndose como briznas de paja; media hora más tarde, un correo de a pie trajo la noticia de que habían fallecido la esposa y uno de los hijos de los integrantes de nuestros contendores. Toda la gente empezó a hacer sonar unas varas de madera frenéticamente, en señal de aprobación, mientras nosotros nos felicitábamos mutuamente. Luego le tocó el turno al equipo local. La pelota voló por los aires, muy alto, extremadamente alto… (siguiente frase corrupta)… no se le vio más. Dos horas más tarde sonó el teletipo del barco, informando que al lado del mercado de abastos de Hertogensboch había caído un extraño objeto, que parecía ser de cristal, sobre las cabezas de mi hija mayor y mi hermano, que se hallaban allí comprando regalos para mi regreso. Apenas empecé a llorar, los lugareños redoblaron el toque de las varas de madera hasta convertirlo en un ruido ensordecedor. Los festejos se prolongaron hasta el amanecer… (siguen dos frases ilegibles)(pp. 121 – 122. Manuscrito entregado por la viuda del capitán de crucero John Albert Whitman al oceanólogo Theodore S. Phillips, Ph. D., School of Ocean and Earth Science and Technologies, University of Hawai’i at Manoa)

Imagen tomada de aquí: http://www.janesoceania.com/png_about/index.htm

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